• Call : celular: 320-2750868 | pbx: 7055151 | 

La concepción general de CASA SOBRE LA ROCA IGLESIA CRISTIANA INTEGRAL engloba, necesariamente, la formación integral del hombre, en espíritu, alma y cuerpo.

La educación      
es parte de la evangelización.

Gente impreparada, o encausada por teorías indiferentes o antagónicas a la genuina fe cristiana, obstaculiza la comprensión de los principios que, en nuestro contexto, desarrollan el carácter individual bajo el magisterio del Espíritu Santo, para producir una sicología social capaz de responder adecuadamente a los retos de toda época; en nuestro caso particular, los imprevisibles del próximo milenio.

Es grave error de apreciación juzgar al Cristianismo como un sistema en decadencia, o ya francamente derrocado por los fenómenos de la sociedad postmoderna, calificada con desenfado por algunos como “postcristiana”.  Si algo caracteriza a la Biblia es su permanente e inmutable actualidad como Palabra Eterna de Dios y única regla de fe y conducta, válida y eficaz para sostener las estructuras éticas y morales por encima de las modas políticas, económicas, científicas, tecnológicas, sociales y religiosas de la humanidad.  Los demás textos espirituales, sin excepción, han mostrado básicas fallas en su absoluta inoperancia para dignificar la vida de quienes por ellos se rigen.  Para citar dos casos protuberantes, el Hinduísmo y el Islam mantienen postrados a miles de millones en la miseria y la ignorancia.  El libro judeo-cristiano, La Biblia, ha hecho posible, pese a inevitables errores de interpretación y aplicación, los más altos niveles de progreso humano a lo largo de siglos y milenios, hasta culminar en la insuperable Civilización Cristiana Occidental.

No existe una
cultura cristiana,
sino una
doctrina cristiana
para todas
las culturas.

La anterior premisa ha generado la fructífera diversidad del Cristianismo en los países más avanzados de la tierra.  El Gran Despertar, la única utopía plasmada en realidad, no fue más que un producto del pluralismo cristiano en los Estados Unidos de América, porque

Un buen cristiano
será
un buen ciudadano.

En nuestra época de rápidos cambios algunos piensan, erróneamente, que el progreso es enemigo del Cristianismo, y viceversa, como si la historia no hubiera demostrado, en forma indiscutible, precisamente lo contrario:

Todo se revalúa,
se devalúa,
o perece.
El Cristianismo permanece.

Ante el fracaso del materialismo y el evolucionismo, fundamentados en suposiciones y no en evidencias, el pensamiento de hoy es creacionista y muchos de sus más significativos descubrimientos coinciden con los relatos bíblicos, calificados como simples leyendas por el rampante ateísmo de esta agónica centuria.  Actualmente es necesario discernir que las Sagradas Escrituras no condenan la ciencia y la tecnología, y que éstas no necesariamente contradicen a aquéllas.  Una tarifa diferencial de valores permitirá este enunciado:

Un alumno espiritual
podrá llegar a ser
un intelectual;
pero un alumno intelectual
no llegará, por eso,
a ser espiritual.

Algunos teorizantes del momento afirman audazmente que la era cristiana toca a su fín para dar paso a la religión disfrazada de seudo ciencia conocida como Nueva Era, el más grande enemigo que la Cristiandad confrontará en el siglo XXI, cuando precisamente nuestro colegio producirá sus primeras promociones, en una sociedad postmaterialista y, en nuestra visión, neocristiana.  Falsos profetas y maestros fraudulentos llevan hoy a los niños y a los jóvenes, a través de bien orquestadas maniobras educativas de magia y control mental, hacia la superstición, la idolatría, la depravación espiritual en sus más sofisticadas formas.  Los resultados no pueden ser más desastrozos: sexo promiscuo, drogadicción, rebeldía, ocultismo.  Si el auge de estas doctrinas no es contrarrestado sin demora, grandes masas humanas rechazarán a Dios bajo el pretexto de divinizar al hombre, dando oidos a la milenaria oferta de la serpiente del Edén.  La Iglesia Cristiana -y Casa Roca lo hará sin reservas- deberá retomar su papel de suprema institutriz de las nuevas generaciones.

Algunos creyentes, con argumentos que respetamos pero no compartimos, se inclinan hacia una especie de Cristianismo manchesteriano -“deja hacer, deja pasar”-; reactualizan anacrónicas prácticas místicas y contemplativas y centran su propia indolencia en la “parusia”.  Creemos ciertamente en la Segunda Venida del Señor, la predicamos y la anhelamos de corazón.  Sin embargo adiestramos a nuestros miembros -y el colegio lo hará también- hacia un estilo de vida tan santo como si ese acontecimiento pudiera darse hoy mismo, pero con un trabajo planificado a largo plazo como si tardase aún en cumplirse la esperanza bienaventurada.

El Catolicismo y el Humanismo marcan la impronta de la latinoamericanidad.  La precaria presencia de la Iglesia Evangélica en el campo educativo continental ha traído por consecuencia una clase dirigente farisaica, esto es, hipócritamente religiosa, cuando no agnóstica, o francamente adversa al Cristianismo verdadero.  Ello explica la generalizada corrupción política. Esta situación cambiará cuando la gente nueva sea formada con miras al futuro en lo material; y en lo espiritual, no para hablar sobre el Sermón del Monte sino para llevarlo a la práctica. En nuestra visión la fe es activa, no pasiva:

Creer y hacer
Orar y obrar.

El creyente nacido de nuevo tiene ya asegurada la salvación eterna, pero debe esforzarse por aplicar a sus actividades cotidianas los principios escriturales que le permitan obtener éxito en la vida temporal.

Por lo anteriormente expuesto, en el Gimnasio Cristiano el único marco conceptual posible y aceptable es la Sagrada Escritura, bajo la visión de la Unión de Hogares Cristianos Casa sobre la Roca.  Por lo consiguiente, en cualesquiera ciencias que allí se enseñen, todo cuanto contradiga lo afirmado por la Biblia será expuesto con carácter informativo, desenmascarando lo que constituya claro error.

El Gimnasio se ceñirá a los currículos oficiales ordenados por las entidades educativas, pero los docentes, en cada asignatura, tomarán en cuenta -sin omitir los postulados científicos y tecnológicos que no sean simples especulaciones o suposiciones- que su tarea definitiva es formar hombres y mujeres cristianos para un mañana en el cual la clase dirigente, y aún los simples ciudadanos, practiquen sus profesiones y oficios en grados de máxima excelencia, siempre bajo la guía bíblica, a fín de que los individuos y la sociedad disfruten armonía, paz, ética y prosperidad.  Para el alumno, sin embargo, el Cristianismo no ha de ser

una obligación
ni una opción,
sino la esencia
de su formación.

Para lograr que este ideal se cumpla naturalmente, el pedagogo trabajará tomando en cuenta:

  1. Antes que un profesional de la educación, él es un siervo de Dios y tendrá que rendir cuentas de su trabajo a Aquél que fué llamado Maestro.
  2. Cada discípulo -independientemente de su raza, capacidad mental, clase social, etc.- es alguien por quien Jesucristo derramó su sangre en el Calvario-
  3. Toda enseñanza será impartida:
  • En el amor del Señor.
  • Con el uso adecuado de la Palabra de Dios.
  • Bajo la guía del Espíritu Santo.

Si hemos de seguir al pié de la letra las instrucciones de Jesucristo, para el educando, entonces,

El educador
es servidor
y no señor.

Es menester, en consecuencia, que el profesorado esté compuesto por personas nacidas de nuevo, piadosas, de buen testimonio y sólidamente capacitadas en su profesión.  Por alejado que parezca de los asuntos espirituales un tema de enseñanza, se tendrá presente que el conocimiento sin fe es arma eficaz de las tinieblas para alejar al hombre de la verdad.  Sin inclinar al alumnado hacia el misticismo, el orden de prioridades será:

Primero: Salvar
Segundo: Educar

Por otra parte, la experiencia enseña que un plantel educativo de fuerte énfasis confesional, conduce a los alumnos al fatanismo y la desadaptación dentro de una comunidad cambiante.  El ascetismo y el sectarismo no pertenecen a la índole cristiana.  El creyente no es del mundo, pero debe comprender al mundo para actuar en él y transformarlo.

La orientación del Gimnasio será inalterable en cuanto a los fundamentos de la fe cristiana, pero flexible en todo lo relativo a los logros del ingenio humano, dotado por el Creador de ilimitadas posibilidades.  Si el principio de la sabiduría es el temor de Dios, como Salomón lo proclama, el conocimiento sin sabiduría es la falsamente llamada ciencia que menciona Pablo.  Por lo tanto,

es mejor formar sabios
que formar eruditos.

Es preferible un hombre ignorante pero íntegro, que un sabihondo disoluto.  Pero, por supuesto, la meta ideal es

intelectualidad
acompañada de
integridad

La educación integral, en síntesis, moldeará equilibradamente las tres dimensiones del hombre:

  1. Espíritu.  Lo trascendente.  La relación personal con Dios.
  2. Alma.  Lo síquico.  Mente llena de conocimiento correcto, corazón emocionalmente equilibrado, voluntad orientada hacia el bien.
  3. Cuerpo.  Lo somático.  El vehículo de expresión material del ser, antes que nada es el templo del Espíritu Santo.

Con las bases brevemente expuestas en los párrafos anteriores, podrá desarrollarse una dinámica acción educativa bajo lacónico binomio:

Conocimiento
y comportamiento.

____________________________

DARIO SILVA-SILVA

Pastor Presidente